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Padre Nuestro Caído.


 Padre nuestro que estás en el suelo,
tres veces caído
por hacernos posible tu reino
que ciegos perdimos.

En tu fuerza, Señor, confiamos;
de tus labios esperamos el grito
que le diga a tu pueblo, levanta
 y vuelve al camino.

Más igual que en el cielo, en la tierra,
cúmplase tu sagrado designio.
Ven a darnos tu pan cada día
y perdona si tanto te herimos,
que nosotros también olvidamos
el mal recibido.

Y si ves que caemos de nuevo,
Maestro Divino,
porque es mucha la carga de cruz
y sin Ti caminamos perdidos
libranos del poder de la tierra
y otra vez estaremos contigo.

Porque un día gocemos el reino,
por Ti prometido,
ponle alas de amor a Triana
y guárdale un sitio,
Padre nuestro que estás en los Cielos
glorioso y bendito.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.


¡Salve, Esperanza Marinera!

 Dios te salve.
Reina, Madre y Capitana,
eres Tú nuestra vida,
eres nuestra Esperanza
y a tus plantas, Señora,
se arrodilla Triana.

Nuestro puerto perdimos,
nuestra nave naufraga,
sin rumbo en las tinieblas
de este valle de lágrimas
en el que suplicantes
nuestras voces te llaman.

¡Oh! misericordiosa,
vuélvenos tu mirada
y lleva nuestro barco
con brisa de bonanza
a Jesús navegante
de tu divina entraña.

Capitana clemente,
dulcísima Esperanza,
siempre Virgen María,
luz que guía a Triana.

Por ella y por tus hijos,
Madre de Dios y Santa,
ruega para que un día
podamos echar anclas
en el puerto que Dios nos promete
como segura patria.
Amén. Amén